viernes, 28 de mayo de 2010

El modelo estratégico y la pasión: reflexiones

El modelo de gestión estratégica en el marketing de la educación debe ser un modelo de excelencia que apunte a hacer las cosas no bien, sino muy bien, apuntando a lo alto invirtiendo mucho tiempo, energía y recursos. El primer desafío es posicionar la institución y sus carreras en el lugar que le corresponde y después demostrar por qué se ganó ese lugar.

Cuando se comienza un plan estratégico no se puede retroceder y la responsabilidad se hace mayor. Avanzar no es tan difícil, pero cada paso que viene después es complicado. Cuesta mucho mover todo con velocidad. Lo más difícil es mantener una posición y dar más pasos hacia adelante. Los resultados afectan el crecimiento y por consecuencia el presupuesto. Con más recursos se pueden hacer más acciones y valoriza el trabajo hecho.

El trabajo estratégico se divide entre la parte académica, donde están las emociones y la visión estratégica que se tiene de la industria educacional. Cuando se mezclan todo sale mal. Si se mezcla la pasión con la visión estratégica, sufre esa visión.

Para ser efectivos es necesario separar lo académico, de la estrategia y el futuro del negocio. Siempre hay que ir a la génesis del concepto, desarrollar emociones, valores, el trabajo en equipo y el respeto a las reglas porque esas emociones se transforman en pasiones que son necesarias a las instituciones educacionales. En otras palabras, se necesitan personas con la pasión de hacerlo, con la satisfacción de hacer bien las cosas, demostrando que todo se puede hacer, no sólo por el deber. Sin pasión es difícil alcanzar logros importantes.

En las estrategias no se apuesta porque cuando se trabaja con rigurosidad y con seguridad a lo que se va, no se está haciendo una apuesta. Puede que dé o no resultados, porque en cada acción hay un riesgo. Pero el resto es seguro. El resultado es consecuencia de un trabajo serio y no de una campaña sin contenido. Un hecho aislado no deja nada para el futuro.

Realizar un plan de gestión estratégica educacional implica un cambio cultural en la institución y no se produce de la noche a la mañana.