lunes, 5 de octubre de 2009

Deserción y desmotivación

Habitualmente estamos haciendo sondeos al azar y buscando opiniones sobre que piensan los alumnos de las instituciones de educación superior donde estudian sus carreras. Este tipo de conversaciones se hace con el fin de determinar si las organizaciones están atendiendo a los alumnos como “clientes” y entregando productos académicos de calidad y servicios de alto nivel. Uno de los aspectos que recibe más críticas es la calidad y responsabilidad de los profesores.

En las conversaciones con estudiantes de diversas universidades e institutos me he encontrado con un gran descontento por la forma de actuar de “sus maestros”. Por ejemplo: “Que el profesor nunca viene porque tenía que hacer o estaba capacitándose en el extranjero y nos manda a hacer clases a un ayudante que, obviamente, no tiene sus conocimientos ni categoría”, “falta sin aviso”. “tuvimos una hora menos porque tenia algo familiar que hacer”, “no entendimos nada de lo que dijo y más encima nos amenazó”, “nos trata de incapaces”, “nos entregó un apunte sin explicarlo”. “no se ha actualizado, lleva años diciendo lo mismo”, “no sabe ni entiende la tecnología”, “es un teórico que se enreda cuando hay que llevar los conceptos a la práctica”, “enseña materias que están obsoletas”, “nos pide leer libros muy antiguos o que ya no existen”, “no nos escucha”, “lo único que aprendí de él son las historias de sus éxitos”, etc.

Esto de llamarse académico y “dictar cátedra” no significa “libertinaje académico” por una situación personal de ego y creer que porque se hace clase en una universidad se está en el Olimpo, lejos de los pobres mortales que los escuchan. Al contrario, son quiénes más cerca deben estar de sus alumnos…sus clientes. Involucrarse directamente en el prestigio de la institución.

Es importante destacar este importante aspecto, porque los profesores son la “cara más visible” de una institución educacional. Son quiénes están en contacto con los alumnos. Son quiénes “venden” la institución a sus alumnos-“clientes”. Cualquier esfuerzo que realice la institución es desbaratada por profesores con “desbaratados” conceptos de lo que es la enseñanza en jóvenes, a veces inmaduros, que esperan mucho de ellos. Un profesor es un guía, un mentor, alguien a quién sus alumnos deben admirar y seguir.

Aunque, gran parte de la culpa la tienen las mismas instituciones porque descuidan el “control de calidad académico” que debe ser habitual y permanente. Un riguroso seguimiento del trabajo que están haciendo sus académicos, es necesario siempre. Contratar académicos con muchos grados y “condecoraciones” no necesariamente resulta en buenos profesores. No basta sólo contratarlos por sus méritos. El rigor del seguimiento académico debe ir más allá de lo habitual. Saber en que están sus maestros, día a día.

Esta situación lleva a que gran parte de la culpa de las deserciones y desmotivación, de los alumnos que dejan una universidad o un instituto, se debe a que los profesores, como dicen los alumnos, son: “re malos”.

No son todos pero hay muchos. Más de lo que se cree. Lamentablemente.