viernes, 2 de octubre de 2015

¿Es fácil realizar estrategias de Marketing Educativo?




Categóricamente no. Y las razones son muchas. Veamos algunas. Porque el mercado de la educación es muy competitivo por la cantidad de instituciones académicas públicas y privadas que existen. Porque la vida de los jóvenes actuales es muy dinámica, es una generación difícil de persuadir y convencer. Porque la mayoría de las instituciones aún no comprenden la importancia de las redes sociales. Porque las estrategias no son una receta aplicable para todo y los planes se piensan según la institución. Porque muchos académicos aún no entienden que son el primer agente de recomendación y matrículas. Porque en las oficinas de admisión las señoritas creen que su trabajo es entregar folletos. Porque las instituciones se demoran siglos en actualizar sus carreras y programas de estudio y el mundo pasa veloz por su lado. Porque no se trata de copiar lo que hace la competencia sino de ser diferentes. Porque construir una marca educativa requiere años de trabajo. Porque el personal, los funcionarios y directivos no comprenden el rol de servicio al alumno y a sus padres. Porque en las estrategias se deben destacar los beneficios para el postulante y no los atributos de la institución. Porque la gestión de contenidos es clave para llegar a los jóvenes. Porque tenemos que contar historias que emocionen. Porque las estrategias se hacen como un suceso y no como un proceso. Porque no se sabe diferenciar una acción táctica de una estrategia. Porque se prefiere hablar de paradigma cuando el tema es la empatía. Porque muchas veces se miente pensando que el joven es tonto. Porque no se entiende como funciona el mercado de la educación. Porque se piensa que el gusto de los directivos es el gusto de los alumnos. Porque los medios elegidos a gusto del directivo no son los mismos que ve el joven. Porque algunos piensan que las Páginas Sociales de los diarios son importantes solo por darle el gusto a un directivo.

Y sigo. Porque muchos confunden marketing con ventas. Porque muchos no entienden que es la segmentación de motivaciones. Porque una institución educativa no se promociona como un chocolate. Porque la televisión y la publicidad cada vez tienen menos efectividad. Porque el joven está sobrecomunicado y no recuerda nada. Porque sólo tenemos 5 segundos para hacer llegar un mensaje y después el pajarito ya voló. Porque cada día hay que pensarlo todo de nuevo. Porque la observación en terreno es muy importante. Porque las estrategias no se planifican detrás de un escritorio. Porque toda estrategia nace de la calidad académica y no de una frase entretenida. Porque en las estrategias hay que poner el plan en escena y no explicar. Porque los escenarios estratégicos son infinitos. Porque hay que ver donde otros miran. Porque el computador no realiza estrategias sino que lo hace la mente del especialista. Porque el tema no es qué sino cómo. Porque las estrategias son sinérgicas y no solamente avisos. Y porque las estrategias de marketing son una guerra que hay que ganar.

Finalmente, existe una sola razón y la más importante: cada año se evalúa, con cifras en la mano  la cantidad de postulantes captados y la cifra de alumnos retenidos. Un cheque a fecha donde no valen los discursos ni las explicaciones. Muy simple: se logran las metas o no se logran.

Muchos dirán: ya sabíamos todo lo dicho anteriormente. Seguramente. Pero voy a hacer una analogía: casi todos saben manejar pero no todos pueden correr carreras de autos porque requiere de habilidades especiales, otros conocimientos y aprender practicando mucho.

Las estrategias en la educación son como los melones, muchos malos y pocos buenos. El fracaso de una estrategia de marketing educativo es la forma  en que la vida nos dice:   ¿Así es que te creías muy listo, eh?

Realizar estrategias de marketing educativo consiste en  averiguar por sí mismo que la estufa está caliente, como dicen.